El progreso de cada beneficiario/a en JCP no se improvisa: se organiza a través del Plan Individual de Desarrollo (PID), un instrumento técnico que acompaña a la persona a lo largo de toda su trayectoria (hasta 3.5 años) sin reiniciarse entre programas.
En el PID convergen de manera coordinada el psicólogo, el tutor académico, el responsable de salud preventiva y el mentor espiritual. Cada semana se evalúan avances concretos en hábitos de estudio, manejo de emociones, alimentación balanceada y administración del presupuesto personal.
El orden, la corresponsabilidad y el afecto marcan el ritmo de nuestra casa en Cusco para formar hábitos duraderos para la vida adulta.
Tiempo devocional voluntario, desayuno nutritivo compartido y organización del orden de la residencia antes de salir a clases.
Los jóvenes asisten a sus facultades universitarias o institutos superiores en la ciudad del Cusco con transporte y útiles cubiertos.
Horas de concentración en la sala de cómputo de la residencia, tutorías personalizadas, lectura y preparación de proyectos académicos.
Cena comunitaria, rotación de tareas del hogar, talleres de habilidades para la vida y espacios de recreación y diálogo fraterno.
En nuestra residencia en Cusco, cada jornada está diseñada para cultivar fraternidad, disciplina, estudio superior y principios que transforman el presente y aseguran el futuro.
Al egresar de casas hogar a los 18 años, los jóvenes enfrentan el desamparo. En JCP encuentran un hogar seguro, alimentación completa y un entorno fraternal donde aprenden corresponsabilidad, orden y valores guiados por mentores comprometidos.
Matrículas 100% cubiertas, sala con laptops, internet de alta velocidad y tutorías personalizadas para que cada joven alcance su título profesional.
Talleres prácticos de finanzas personales, oratoria, cocina nutritiva, salud mental y primeros auxilios para valerse plenamente por sí mismos.
«No solo entregamos una beca; caminamos día a día con cada joven para sanar el pasado y forjar profesionales con sólidos principios morales y propósito de vida.»
En JCP creemos en la responsabilidad con amor. La convivencia enseña a asumir consecuencias de manera proporcional y restaurativa, asegurando siempre que ningún joven se sienta desamparado o excluido.